Meeting Milan

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Contemplar La Última Cena, de Leonardo da Vinci, cenar al lado de Giorgio Armani y cerrar los ojos en La Scala para escuchar el eco de María Callas. Todo es posible en Milán, la ciudad de la moda.

"La pasarela de Europa"


En la capital del diseño, cualquier momento del día conduce inevitablemente a la contemplación de la belleza. Hasta ir de compras se convierte en un arte. En Milán nos esperan, aparte del Duomo, las catedrales del lujo (Galleria Vittorio Emanuele), del fútbol (Stadio San Siro) y de la música (Teatro La Scala). 


Si el tiempo nos apremia, porque estemos en un viaje de negocios y haya que ser muy selectivos, hay dos visitas que no podemos soslayar: El Duomo y La Última Cena, una de las obras cumbre de la Historia del Arte. Popularizada por Dan Brown y su Código Da Vinci, es obligatorio reservar la visita con semanas de antelación. Se encuentra dentro de la iglesia de Santa María delle Grazie y en Milán la conocen como el Cenacolo Vinciano. 


Hay que tener cuidado con las webs que ofrecen entradas, porque la única oficial y autorizada es y el precio son 8 euros. La visita sólo permite permanecer quince minutos ante el delicado mural pintado por Leonardo en el refectorio de este convento dominico. 


En la Piazza del Duomo, punto neurálgico de la capital lombarda, descubriremos uno de los templos más refinados del mundo, con capacidad para 40.000 personas. La catedral es uno de los máximos referentes del Gótico y tardó seis siglos en completarse. Se puede visitar entre las 07:00 y las 19:00 y la entrada cuesta 2 euros. Subir a las terrazas del Duomo cuesta 13 euros si se hace en ascensor, y 8 euros si es por la escalera. 


Todo en Milán es grandioso y elegante. En la misma plaza de la catedral nos esperan la Galleria Vittorio Emanuele, un paseo comercial cerrado con arcadas de cristal y hierro fundido que fue diseñado a finales del siglo XIX para proteger a la alta burguesía en sus compras y su tiempo de ocio. Aparte de las tiendas de Gucci, Prada o Armani, en su interior encontraremos el histórico Café Biffi, el restaurante Savini o bares como el Zucca, frecuentado por Verdi y Toscanini, y el Camparino, donde es inevitable degustar un Campari. Pero Milán no es sólo la zona del Duomo. Al sur de la ciudad nos esperan los canales del barrio de Navigli, un lugar con encanto donde se puede cenar o tomar una copa, lo mismo que la zona más bohemia y peatonal de Brera. Son alternativas interesantes a las tradicionales vías comerciales del llamado Quadrilátero del Oro, en torno al Duomo y La Scala: Via Monte Napoleone, Via Manzoni, Via della Spiga y Corso Venezia. Encontraremos no sólo las tiendas sino los talleres de los grandes diseñadores y hasta un club como el Armani Privé donde tomar una copa.

En la capital del diseño, cualquier momento del día conduce inevitablemente a la contemplación de la belleza. Hasta ir de compras se convierte en un arte.

Milán es la ciudad verdiana por excelencia. La Scala de Milan, de 1778, ofrece visitas guiadas, pero es mejor reservar un asiento para una función de ópera o de ballet y recorrer en los entreactos los espléndidos salones de este majestuoso palacio. Las entradas van desde los 20 a los 300 euros y el libreto puede seguirse en pantallas en inglés o francés. Aunque sea en una de las galerías superiores, disfrutar de Verdi, Puccini o Bizet en el Teatro La Scala no deja a nadie indiferente. 


A la salida, nos espera Trussardi A La Scala, un restaurante boutique galardonado con una estrella Michelin y donde podemos encontrar menús a partir de 55 euros. En la plaza del Duomo, si queremos trasladarnos a la máxima elegancia y sumergirnos en el Art Decó, es inevitable el restaurante de Giacomo Arengario.

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